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Bibliografía sobre la arquitectura del carmen sede de la Fundación Publica Andaluza Rodríguez-Acosta (II)

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Desde el año 1972, tras la muerte de Manuel Gómez-Moreno Martínez, el destino de su legado se vio vinculado al de la Fundación Rodríguez-Acosta, al hacerse ésta responsable de la conservación, exposición y custodia del mismo por un acuerdo con las herederas de nuestro universal granadino, Mª Elena, Natividad y Carmen Gómez-Moreno Rodríguez-Bolivar.

Para acoger este legado se tuvo que adecuar un nuevo espacio; el Patronato de la Fundación acordó comprar un terreno existente al oeste del solar del carmen-estudio para construir en él un nuevo edificio, una ampliación del carmen. Así nació el Instituto Gómez-Moreno con el proyecto del arquitecto José María García de Paredes.

Poco ha cambiado el aspecto de Museo Gómez-Moreno y del resto de sus instalaciones desde aquellos momentos de su inauguración en 1982. Aunque paulatinamente se han ido mejorando las instalaciones y los discursos museográficos buscando una mejora de los mismos, manteniendo el criterio original por el que se instalaron.

Hoy os traemos la última parte del artículo que compartimos la semana pasada, en el que, tratando la obra del arquitecto Teodoro de Anasagasti,  se plasma a grandes rasgos la esencia arquitectónica del carmen-estudio. En esta ocasión y como apéndice final del texto, se hace una revisión de lo que en un primer momento se llamó ampliación del carmen de la Fundación, lo que hoy conocemos como Instituto Gómez-Moreno.  Está publicado en el nº 240 de la  -> Revista Arquitectura (Autor: La Editorial. “Teodoro de Anasagasti y Algán (1880-1938) . Un espacio entre el historicismo y la modernidad” 1983, nº 240, pág. 31-32) y nos llega gracias al portal del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM)

 

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Maria Elena Gómez-Moreno y sus hermanas Natividad y Carmen; unas vidas de trabajo científico y el deseo de construir en Granada el Museo Gómez-Moreno.

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Para conmemorar este próximo 8 de marzo Día Internacional de la Mujer, traemos una reseña sobre las tres hijas de Manuel Gómez-Moreno Martínez, a cuya voluntad debemos la existencia del Instituto Gómez-Moreno. En este texto de José Manuel Gómez-Moreno Calera, se recoge especialmente la figura de María Elena Gómez-Moreno, heredera del espíritu científico de su padre. Las tres fueron universitarias cuando las mujeres eran una insignificante minoría en las aulas, y a las tres debemos la posibilidad de tener en Granada el Legado Gómez-Moreno.

María Elena Gómez-Moreno es sin duda la tercera personalidad de la familia y al igual que con sus hermanas me resulta más fácil recoger su perfil personal que el científico, pues tal era su capacidad de evocación de sucesos ocurridos a lo largo de su vida que quedabas extasiado en conversaciones que evocaban viajes, experiencias docentes, encuentros en compañía de su padre, madre o demás familia. Así pude conocer el lado humano de personajes conocidos a través de mis estudios, como Antonio Machado, Pío Baroja, Miguel de Unamuno y, sobre todo, autoridades de la Historia del Arte, así como otros muchos que no vienen al caso. Pocas personas he conocido que hablen con tanta elocuencia e impulsividad que a veces te parecía estar departiendo con los propios aludidos; era como un salto al pasado y entrar en los orígenes del pensamiento y cultura de la España Moderna. Es el caso, por ejemplo, del famoso viaje de estudios del año 1933 en el crucero por el Mediterráneo.

Hija del gran investigador y fiel acompañante en su vejez, María Elena nació en Granada, el 28 de Enero de 1907. En 1911 se instala la familia definitivamente en Madrid y allí estudia, de 1918 a 1923, el Bachillerato y posteriormente, a la temprana edad de 16 años, ingresa en la Universidad Central para cursar Filosofía y Letras. Se Licencia a los 19 años con Premio Extraordinario y cursa su preparación para Profesorado, de 1926 a 1930, en el Instituto Escuela de Madrid, institución muy vinculada a la Junta de Ampliación de Estudios, en la que entró en contacto con los principios pedagógicos dima- nados de la Institución Libre de Enseñanza. El espíritu de modernidad y de una enseñanza liberada de los tópicos de la época que impregnaba la Institución, dejaron en ella una gran impronta y la mantuvo siempre. Esa antigua vinculación la recuperaría muy posteriormente al fundar Jimena Menéndez-Pidal el Colegio Estudio.

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Este kilix de figuras negras fue regalada por José Llorente a Manuel Gómez-Moreno Martínez y posteriormente éste se lo regaló a su hija Maria Elena que lo incluyó

En 1930 gana la cátedra de Instituto y así inicia su peregrinar por distintas ciudades de España: Osuna, Madrid, San Sebastián y Madrid definitivamente en el recién creado Instituto Emperatriz María de Austria. Su pasión por la docencia y por hacer llegar a todos los niveles de la sociedad el conocimiento del arte y la cultura, le hicieron aceptar la invitación del gran benefactor y divulgador de las artes Pablo Gutiérrez Moreno para formar parte de las llamadas «Misiones de Arte», entre los años 1929 y 1936 dedicadas a la impartición de cursos y lecciones populares en diferentes lugares y centros. Fruto de esta iniciativa de carácter divulgador del arte surgieron la serie de libros Breve Historia dedicados monográficamente a la Pintura, Escultura y Arquitectura, los cuales, aun careciendo del aparato crítico que ahora se nos exige, suponían el primer ensayo de planteamiento moderno sobre el decurso del arte en España. El primero fue el de Enrique Lafuente Ferrari, que abordaría la pintura en España, de 1934; después siguió Breve Historia de la Escultura Española, de 1935, que consagraría a María Elena como especialista en escultura; esta obra se vería complementada con un breve pero brillante ensayo sobre La Policromía en la escultura española. Posteriormente estos libritos de urgencia fueron ampliados con otras ediciones más extensas y de mayor formato de las que Mª Elena repetiría el tema de la escultura, Lafuente Ferrari sería el autor de la Breve Historia de la Pintura en España y Chueca Goitia se encargó de La Historia de la Arquitectura Española, obra que rebasó la idea de la «brevedad» para quedar solamente publicado un grueso tomo dedicado al periodo antiguo y medieval; todos ellos fueron editados por Dossat.

Al tiempo que desarrollaba esta actividad, durante los veranos participaba en los Cursos de Verano para Extranjeros de la Junta de Ampliación de Estudios. En los años de la Guerra Civil, 1936-1939, trabajó como auxiliar técnico en la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico, al igual que su padre y hermanas. Su labor investigadora seguirá prácticamente hasta el momento de su enfermedad final, en 1997. Fue profesora de los Cursos de Verano de Santander, colaboró activamente en el Instituto Diego Velázquez y en su seno publicó varios estudios de diferentes escultores. Participó en Congresos de Arte Nacionales e Internacionales, el último, el Simposio dedicado a Pedro de Mena en Granada y Málaga, en 1989. Colaboró en el montaje de exposiciones, como la de los Amigos del Arte de 1953, la de Alonso Cano de 1954 y en la del Centenario del mismo Cano en Granada, de 1958, artista al cual tanto Gómez-Moreno padre, el hijo ahora biografiado y la propia María Elena dedicaron varios estudios. Fue directora de los diferentes centros de las Fundaciones Vega-Inclán: la Casa-Museo del Greco de Toledo, la Casa de Cervantes en Valladolid, y la que centró más su atención directa diaria por la cercanía de su residencia, el Museo Romántico de Madrid, hasta la asunción de esta institución por el Estado como Museo del Romanticismo. También en la última etapa de su vida, sin que cejara su actividad y capacidad, fue Vocal de la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes Culturales de la Dirección de Bellas Artes. Fue miembro de la Hispanic Society de Nueva York; profesora en el Smith College in Spain de Southampton; miembro correspondiente de la Academia de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, de la Universidad Popular y del Instituto Diego Colmenares de Segovia, de la Academia de Toledo, de la Fundación Rodríguez-Acosta de Granada, y desde 1991 de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, primero a título honorario y al final de su vida de número, cuyo discurso de ingreso vino a rememorar la prodigiosa experiencia de la realización de su padre del catálogo artístico de la provincia de Ávila.

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Junto con sus hermanas, promovió la donación a la Fundación Rodríguez-Acosta de Granada de todos los fondos artísticos, arqueológicos, biblioteca, documentos escritos, fotografías, apuntes miles, que habían pertenecido a su padre (y muchos al abuelo) y en el seno de esta prestigiosa fundación granadina surgió el Instituto Gómez-Moreno que los custodia y pone al servicio de los investigadores; fue además la autora principal de las fichas que sirvieron para su primera catalogación. Este gesto de absoluta generosidad, pocas veces dado, les hizo merecer la concesión por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de la Medalla de Honor de dicha institución. Por último, y en línea con las reivindicaciones actuales de «género», perteneció, y fue una de sus primeras integrantes, a la «Asociación Española de Mujeres Universitarias» hasta su desaparición.

Al igual que ocurriera con su padre, nunca se jubiló en el sentido estricto de la palabra y su lucidez y ánimo le hicieron enfrentarse a dos obras de envergadura en la etapa final de su vida, como fueron el tomo del Summa Artis dedicado a la escultura y pintura del siglo XIX y la enorme y oportuna biografía de su padre, en la que ofrece unos datos indispensables para el conocimiento del perfil investigador y humano de la figura protagonista de esta publicación. En gran medida, la que ahora realizo no es sino resumen y unas pocas reflexiones sobre el guión por ella trazado.

Como colofón, y siendo este un estudio que pudiera considerarse por algunos demasiado personal, puedo asegurar, y así lo reconocen quienes la trataron, que por encima de su obra escrita queda esa fuerza expresiva de su palabra, muchas veces tajante y apasionada; pasión mostrada por todo lo que supusiera cultura en el más amplio sentido de la palabra. Otro valor es que, junto con sus hermanas y la enorme figura de su madre y esposa de Manuel Gómez-Moreno, Elena Rodríguez Bolívar, catalizaron el continuo fluir de personalidades y personajes que por la casa del Paseo de la Castellana pasaron durante décadas.

Un breve y reciente artículo de su sobrina Elsa, reconocida poetisa, puede servir también para conocer el ambiente familiar y la personalidad de María Elena Gómez- Moreno Rodríguez y sus hermanas. Afirma la autora de las Hermanas Gómez-Moreno Rodríguez: «Las tres. Cada una a su modo me fue enseñando las propiedades del mundo, sus mejores riquezas, el alma de las cosas que me rodeaban. Aprendí a leer romances, a mirar las constelaciones y repetir sus nombres uno a uno sin cometer un solo error. Me enseñaron a replicar sin necesidad de herir; a opinar sin obsesionarme con tener, o no, razón por el mero hecho de tenerla; a creer en mis propias iniciativas y en mis propias obras; a creer, fundamentalmente, en mi». María Elena confesaba que sus primeros recuerdos de niña con su padre era cómo éste le enseñaba las constelaciones. Esa impronta se ve que quedó como ejercicio de acercamiento a la curiosidad de los niños que ella repitió con su sobrina Elsa.

Termino con un suceso que nos habla a las claras del carácter de las hijas Gómez-Moreno. En 2003, muerta ya María Elena y acabado el contrato de arrendamiento del piso de la Castellana, Natividad fue obligada a desalojarlo. Yo, que presencié el desmontaje y le ayudé en la mudanza a su nueva vivienda (con mi hijo Javier), debo confesar que fue uno de los días más emotivos y amargos de mi vida; un nudo me atenazaba la garganta cuando veía cómo se deshacía ese despacho, templo del saber intemporal y testigo mudo de tantas reflexiones y conversaciones. Y sin embargo, para Natividad y Carmen (ésta última residía en Nueva York pero venía dos veces al año en avión para acompañar a su hermana) fue como un paso más hacia el futuro; un nuevo salto adelante en sus vidas, sin que en ningún momento mostraran una lágrima de nostalgia, ni un suspiro, ni un mal gesto. Pensaron primero en comprar un piso, porque decían que los alquileres estaban «muy caros»; luego en tapizar las sillas del comedor porque estaban muy incómodas. Yo creo que se consideraban eternas y ese impulso es el que hizo que vivieran tantos años y con tanta fe. Estamos hablando de dos señoras que contaban entonces 95 y 90 años. Como afirmaba María Elena en el inicio de la biografía de su padre «los Gómez-Moreno a falta de nobleza tenemos (perdón, tenían) casta».

(extraído de:  GÓMEZ-MORENO CALERA, J.M.: Manuel Gómez-Moreno Martínez (1870-1970), Granada, CEHA, 2016, pp. 159-166)

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FELIZ AÑO 2021!!!

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Año nuevo 2021Desde la Fundación Rodríguez-Acosta, despedimos a este año 2020, y esperamos con ilusión a 2021.

Este año nos ha enfrentado a duras dificultades que han alterado nuestras vidas a todos los niveles, obligándonos a buscar nuevos caminos para llevar a buen termino nuestro trabajo y programación.

Así hemos llevado a formato vídeo nuestras “clases magistrales” con las que recibimos hoy al nuevo año; aprovechamos para agradecer su colaboración a todos los profesores que han participado en ellas: José Manuel Gómez-Moreno Calera;  Carlos Jimenez Martín; Francisco José Sánchez Montalbán; Manuel Casares Porcel; Antonio Orihuela Uzal y Ricardo Hernández Soriano.

Como todos los años damos a gracias a todas las personas que han trabajado en la Fundación para poder llevar a cabo su labor fundamental de conservación y difusión de su patrimonio, vigilantes, conserjes, limpiadoras, jardineros, guías,… además de los profesionales externos que han trabajado en prensa, redes sociales, producción audiovisual, albañilería, arquitectura, ingeniería, etc.

Esperamos sorprenderos pronto con nuevas actividades e iniciativas.

Nuestros mejores deseos para 2021!!!

Fotos: Luis Morales Quesada

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Preparándonos para a reapertura I: mejoras en el Museo Gómez-Moreno

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Desde el pasado 27 de octubre, por las razones sanitarias relacionadas con la epidemia del COVID-19 y tal como se ha hecho en otros ámbitos, nos vimos obligados a cerrar al público y suprimir las visitas a nuestras instalaciones. En esta ocasión hemos podido trabajar de forma presencial y aprovechar esta coyuntura para hacer mejoras y cambios que estaban pendientes en nuestros espacios visitables. Hemos empezado por el Museo del Instituto Gómez-Moreno.

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Uno de los trabajos que hemos realizado ha sido la preparación de la sala de arqueología que en breve recibirá una nueva cubierta lucernario con la que podremos solucionar muchos problemas de estanqueidad y luminosidad que nos venían desluciendo la exposición de las piezas. Así que por primera vez en más de 40 años hemos podido ver la sala completamente vacía a la espera de los cambios en pintura, electricidad, etc. Toda una oportunidad para poder contemplar el diseño arquitectónico sin intrusiones.

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También se han comenzado a plantear los cambios en el discurso museográfico de algunas zonas con lo que esperamos que pueda darse más coherencia a la exposición y a al desarrollo de las visitas. Este trabajo es un gran reto por la heterogeneidad de la colección del Legado Gómez-Moreno. Para comenzar se han recuperado para la exposición las piezas de arte asiático que acompañarán el espacio dedicado a los siglos XIX y XX.

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Por último os referimos una última novedad! A partir de ahora podremos mostrar una obra más de José María Rodríguez-Acosta: ” El Cacharrero” (1895), un óleo sobre lienzo que  pintó en su juventud que nos sirve de marco para mostrar algunas de las piezas más espectaculares de cerámica, del taller de fajalauza granadina, (siglos XVIII-XX) pertenecientes a la colección Gómez-Moreno.

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25novSeguimos trabajando, esperando poder volver pronto a la normalidad!

#LaCulturaNoPara

Reportaje fotográfico: Luis Morales Quesada

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Nueva publicación: Cerámica griega de la Fundación Rodríguez-Acosta (Día Internacional del Libro 23 abril, 2020)

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pepe-MarinDespués de años de trabajo hemos podido ver publicado el libro sobre la cerámica griega de la Fundación Rodríguez-Acosta. Un trabajo que comenzó hace tres años, por la iniciativa de los profesores Rui Morais (Univ. de Porto, Portugal) y Andrés María Adroher Auroux (Univ. de Granada) que comenzaron estudiando las piezas cerámicas correspondientes de la colección Gómez-Moreno, cuyo resultado se publicó por la Universidad de Coimbra con fotos de Pepe Marín.

Desde la Fundación se vio interesante la opción de poder contar con una publicación monográfica que incluyera todas las piezas de cerámica griega existentes en sus fondos, por lo que para esta edición, al catálogo de las cerámicas de la colección Gómez-Moreno se unió el de las piezas de José María Rodríguez-Acosta.

Además en esta nueva publicación se cuenta con los textos introductorios de la profesora de la Universidad de Málaga, Julia García González, el profesor y catedrático de la UGR, Andrés María Adroher Auroux y la coordinadora de la Fundación, M. Carmen López Pertíñez. A las fotos de Pepe Marín se unieron también las de Arte y Proyecto con Javier de Pablos Ramos.investigadores-3 En todo momento se ha contado con el seguimiento y asesoramiento del conservador de la Fundación Javier Moya Morales que ha estado al cuidado de la edición.

Damos a conocer esta publicación coincidiendo con el Día Internacional del Libro, esperando poder ponerla a la venta en la taquilla-puerta de entrada del Instituto Gómez-Moreno, cuando termine el confinamiento por el #COVID_19 .

Esperamos que el formato de este libro, que se centra en un  tema monográfico dentro de nuestras colecciones, sea el comienzo de una serie de publicaciones que amplíen el conocimiento de las piezas que componen el extenso legado material de la Fundación Pública Andaluza Rodríguez-Acosta.

https://www.calameo.com/books/00506770983b67d5f42f5

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Fotos: Pepe Marín / Carmen LópezPIEZAS-FUNDACION--0160

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Día Internacional del Patrimonio Mundial (sábado 16 nov. 2019), en imágenes.

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UnxPatrimonio2019_115x160mm_adapPDFweb-2Como no podía ser menos, os dejamos hoy las imágenes del pasado sábado en que celebramos nuestro Día Internacional del Patrimonio Mundial.

Queremos dar las gracias a todo el público participante que con su interés nos anima a seguir adelante y a preparar nuevas actividades.

Igualmente, agradecer a los profesores que nos dieron sus versiones magistrales sobre los diversos aspectos que centraron sus visitas temáticas, Julia García, Ricardo Hernández, José Policarpo Cruz y Andrés María Adroher. Además tuvimos la suerte de contar con dos profesores de apoyo en nuestras visitas, Ángel Padilla y Carlos Jiménez.

El personal de la Fundación estuvo pendiente en todo momento del desarrollo de la actividad y se pudieron resolver todas las situaciones.

A todos os damos las gracias y os emplazamos para nuestra próxima cita que esperamos que sea pronto!!!!!!

Os dejamos con las estupendas fotos de Luis Morales que hablan por si mismas:

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100 años de “Iglesias Mozárabes” de Manuel Gómez-Moreno Martínez (1919-2019)

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mozárabes-3Hoy os traemos la reseña que hiciera en 1999, Javier Moya Morales, en la revista ELFINGIDOR número 2 con motivo de la reedición del trabajo de Manuel Gómez-Moreno Martínez, Iglesias Mozárabes.

Ha pasado el tiempo desde aquella reedición facsímil  que hizo la universidad de Granada que ha contribuido a la difusión, discusión y ratificación de este estudio que marca un hito dentro de la historia de la arquitectura medieval hispana.

No podemos hacer menos que recordarlo en este aniversario de su publicación esperando buscar de nuevo su reedición, quizás ya en soporte actualizado, como corresponde a este clásico de la historiografía del arte español.

Esperamos que os guste!

texto reseña Iglesias Mozárabes:

Las introducciones y prólogos de las modernas ediciones facsímiles suelen contener el veredicto que el Tiempo ha dictado en el juicio seguido contra todo libro antiguo que se publica de nuevo. En el caso de la reciente edición de las Iglesias Mozárabes de Manuel Gómez-Moreno, el estudio preliminar a cargo de Isidro Gonzalo Bango Torviso cumple ese papel justiciero cuando señala las excelencias de una obra que debe ser considerada clásica en su género pero también cuando manifiesta sus reservas respecto del concepto de lo mozárabe y de la inclusión en su ciclo de algunos edificios y piezas de artes suntuarias altomedievales cuya filiación ha podido ser precisada con más garantías por la historiografía de las últimas décadas.

 

De algún modo, no obstante, el autor se había adelantado a esas y a otras posibles futuras objeciones. Es más, ya desde el preámbulo del libro las reclamó y alentó. Era consciente de que la cercanía del esfuerzo por aislar ese capítulo importante de la compleja realidad artística del prerrománico español le había imposibilitado de extraer por entonces conclusiones y síntesis. Con toda llaneza decía presentar materiales y nada más, porque construir el edificio demasiado pronto era correr el riesgo de que viniera a tierra, perdiendo los materiales mucho de su valor.

Constituye el grueso del libro un catálogo de las iglesias mozárabes dispersas por la geografía peninsular, en número que ronda la treintena. Su estudio, y el de muchos restos y fragmentos decorativos, se aborda desde enfoques distintos, con preeminencia de lo formal, pero sin rechazar lo sociológico ni incluso, en ocasiones, lo folclórico. De ahí su modernidad metodológica. El espíritu analítico del texto es común a los muchos dibujos que lo acompañan. Plantas, secciones, detalles decorativos y estupendas perspectivas isométricas y axonométricas aligeran la lectura y facilitan la comprensión. Un amplio álbum de láminas completa el importantísimo apartado gráfico. Al margen del repertorio de las iglesias estudiadas y del museo mozárabe, es decir, al margen de esos materiales que conservan ochenta años después todo su valor, la edición facsímil nos ofrece hoy ocasión para degustar la sabrosa historicidad de un libro que –cómo no– pertenece irremediablemente al tiempo en que fue escrito. Descubrimos en él, por un lado, algunos de los empeños historiográficos más decantados del siglo XIX, transmitidos a don Manuel por sus maestros granadinos: ahí están recogidos tanto el arabismo neocatólico de Leopoldo Eguílaz y

Francisco Javier Simonet como el positivismo aplicado a la arqueología y a la historia del arte por el padre del autor, Manuel Gómez-Moreno González. Y por otro lado adivinamos en Gómez-Moreno al hombre del 98 que ha recorrido palmo a palmo las tierras de Castilla y que reclama para España unas raíces y una identidad que, también en lo artístico, han de buscarse en manifestaciones reveladoras del genio de raza, del genio español. Sólo desde este punto de vista entenderemos por qué la arquitectura que él reúne bajo el apelativo de mozárabe con más o menos propiedad, esto es, forzando más o menos la realidad a que alude específicamente el término, esté contemplada como el ensayo de un estilo original, sin método pero sin rutinarismos, ajeno a las influencias extranjeras del románico o gótico y por eso mismo ejemplar y aprovechable por el regeneracionismo y el historicismo español de principios del siglo XX. Una frase suya lo resume: “hoy, que tan locos andamos sin ideal y sin rumbo, pudiéramos aún completar la obra que entonces se planteó, mirando hacia nuestros fondos con espíritu de laboriosa jactancia”. (Javier Moya Morales en “El fingidor”, marzo-abril 1999, p. 26)

 

 

 

 

 

Visita del prof. Pedro Aguayo y los alumnos de Grado de Arqueología de la UGR (primavera 2019)

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El pasado viernes 29, recibimos la visita del prof. Pedro Aguayo con sus alumnos del Grado de Arqueología de la Universidad de Granada.

No es nada fácil contextualizar la figura de Manuel Gómez-Moreno Martínez dentro de su época y poder explicar la importancia que tuvo tanto para su generación de científicos, como para los que como maestro formó en generaciones posteriores. Esperamos que la visita fuera provechosa.

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Como siempre, para finalizar, paseamos por el jardín de la Fundación.

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Gracias de nuevo al prof. Pedro Aguayo que nos incluye dentro de las actividades de su asignatura, y hace llegar nuestro patrimonio a las promociones venideras de arqueólogos.

Hasta la próxima!

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Exposición: Manuel Gómez-Moreno González. Arte y pensamiento.

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Con motivo del primer centenario de la muerte de Manuel Gómez-Moreno González, y haciéndolo coincidir con este aniversario (20, diciembre, 1918), se han organizado una serie de exposiciones vinculadas entre si, que recogen algunas de las facetas de este personaje de innegable importancia para la historia, el patrimonio artístico, arquitectónico o arqueológico y su conservación,  para la vida cultural de Granada, artística, pictórica, etc.

La primera sede fue la Escuela de Artes de Granada, a la que debe su creación.

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Y hoy será la sala de exposiciones de CajaGranada y el Anticuario Ruiz Linares quienes continuarán con estas exposiciones homenaje.

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Especialmente en la sede de CajaGranada, con el patrocinio de Cajasol, y bajo la comisaría de nuestro conservador, Javier Moya Morales, se van a exponer piezas del propio Museo Gómez-Moreno que argumentan y describen parte de la vida y logros de Manuel Gómez-Moreno González.Imprimir

Os dejamos una fotos de la inauguración.

No os la perdais!

(Fotos: Luis Morales Quesada)

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Los Gómez-Moreno en “Grafitos históricos (69)” de Centro Virtual Cervantes

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Hoy tenemos un interesante artículo que recoge un aspecto íntimo y familiar de los dos Gómez-Moreno, el pintor, Manuel Gómez-Moreno González y su hijo, el historiador y arqueólogo, Manuel Gómez-Moreno Martínez.

En la sección “Rinconete” de Centro Virtual Cervantes se puede leer este conciso y preciso trabajo de José Miguel Lorenzo Arribas, “Grafitos históricos (69). Los Manuel Gómez-Moreno, grafiteros”

El texto lo reproducimos aquí:

José Miguel Lorenzo Arribas

1873. Según la tradición familiar, la escena ocurrió de verdad. Conociendo al personaje, no extraña. Lo mismo habría que mirar todas las traseras de los cuadros de este pintor. A un niño de tres años no se le pone a posar. Es imposible. Pero el crío estaba en casa y el artista lo conocía bien: era su padre, y le había dado su mismo nombre.

El lienzo está firmado por Manuel Gómez-Moreno González, pintor granadino e ilustre arqueólogo (1834-1918), en el referido año. El representado es su hijo, Manuel Gómez-Moreno Martínez, el mejor historiador del arte que ha dado España, gran arqueólogo, extraordinario filólogo de la escritura ibérica, arabista, epigrafista, numísmata… Al pequeño que grafitea monigotes en el reverso del lienzo le quedaban 97 años por delante, pues así de longeva fue su vida. Las cercanas láminas grabadas con monumentos no son sino premoniciones de lo que habrá de ser el futuro del pequeño infante.

El niño debía hacer lo que veía hacer al padre, dibujar. Luego lo hizo el adolescente, cuando transcribió y dibujó inscripciones romanas para el Corpus Inscriptionum Latinarum que construía Emil Hübner y escribió con su progenitor libros eruditísimos sobre la historia de Granada. Antes de cumplir cuarenta años había hecho los Catálogos monumentales de las provincias de Ávila, Salamanca, Zamora y León. Nada menos. Hoy, todavía, se siguen citando y son fuente fundamental de consulta.

Aún hoy, a un historiador del arte no le hace falta mirar un cuadro por detrás para hablar de él. Con una buena fotografía, sobre todo si se ve la pincelada, es suficiente. Pero un cuadro no es simplemente una imagen, algo representado (aunque por metonimia así nos lo hayan enseñado), sino un objeto material, que no solo se compone de la mezcla de colores de su anverso. El reverso, con su bastidor, los apaños que se han hecho en la tela, las cicatrices del tiempo o de los avatares, el propio marco, las frecuentes inscripciones que se han marcado sobre ellos, el sistema para colgarlo… todo ello informa sobre la vida del lienzo.

Quizá el cuadro representado en este otro lienzo existiera de verdad y quizá se conserve hoy. Y, en el reverso, sus grafitos infantiles, como otros que han asomado por este espacio, monigotes manuelinos, primeras «obras», que prefiguran a quien poco después quiso ser arquitecto. No hubo posibles en la familia para mandarle a Madrid, y se conformó el pequeño sabio con hacer Filosofía y Letras en Granada. Pero don Manuel siempre dibujó extraordinariamente, y de su fácil trazo se beneficiaron sus investigaciones y, por extensión, las disciplinas que abordó, como puede verse en el Instituto Gómez-Moreno (Fundación Rodríguez-Acosta) de Granada, en cuyo museo se exhibe este cuadro. Me quedé con la curiosidad de darle la vuelta, por si acaso. Se lo comenté al conservador de la institución, Javier Moya. Esperamos a que se cerrase el centro, se puso los guantes, descorrió el cierre de seguridad que lo ancla al muro, descolgó con cuidado el cuadro, mostró el deseado reverso y… nada. Impoluto.

Y aquí, padre e hijo, dejan su aporte a la historia del grafito. Uno, sorprendido con su blusón aplicándose sobre el reverso del lienzo. Otro, desde más atrás, retratando el momento.

 

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